Formación de idiomas en empresas: ¿café para todos? Formación de idiomas en empresas: ¿café para todos?

Formación de idiomas en empresas: ¿café para todos?

Olga Campoy

Por Olga Campoy. Síguenos: LinkedIn Facebook Twitter
Partner and Sales Executive
Publicado el 26/01/2017


La clave para una formación de idiomas eficaz es tener objetivos claros, así como una estrategia global bien definida. Si el equipo no aprende, la formación es cara, no importa cómo sea de “barata”.

Lo que nada cuesta nada vale

La primera pregunta que debe hacerse la persona responsable de la formación es por qué se están ofreciendo clases de idiomas en la empresa. ¿Es una "prima", un "caramelo" por buena conducta o una "tradición heredada" sin objetivos claros? ¿Las personas del equipo necesitan otros idiomas para llevar a cabo su trabajo?

Tal vez la empresa se está preparando para operar en el extranjero o ha sido adquirida por una compañía que utiliza otro idioma como lengua franca. Antes de empezar a pensar en la oferta de enseñanza de idiomas para el equipo, es necesario saber para qué se va a implementar y crear una estrategia coherente.

Si se permite a los trabajadores y trabajadoras continuar con su formación a pesar de la escasa asistencia y/o progreso limitado, el mensaje es que la formación realmente no es tan importante. Si por otro lado, la empresa controla la asistencia y el progreso cuidadosamente y hay consecuencias para aquellos que no llegan a los requisitos mínimos, el alumnado generalmente toma más en serio la formación y aprende más rápidamente.

El programa de formación de idiomas debe ser igual que cualquier otro proyecto en la empresa; debe tener objetivos claros, un presupuesto, un timing y, lo más importante, debe evaluarse continuamente.

Cada vez más vemos buenas prácticas en este sentido: muchas empresas analizan qué deben priorizar y qué tipo de formaciones les va a conllevar más beneficios. Si se quiere que el alumnado se comprometa firmemente con la formación de idiomas hay que sentarse con cada persona y averiguar cuánto tiempo está dispuesta a invertir en dicha formación (no sólo ir a clase sino qué podría hacer entre clases) y si estaría dispuesta a pagar una cantidad simbólica.

Si sólo se apunta porque es “gratis” se confirmará aquel dicho de “lo que nada cuesta, nada vale”. Y valorar la formación es el primer paso para que sea un éxito, así como dejar que sea café para todos.

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