No soporto cuando no entiendo al profesor No soporto cuando no entiendo al profesor

No soporto cuando no entiendo al profesor

Olga Campoy

Por Olga Campoy. Síguenos: LinkedIn Facebook Twitter
Partner and Sales Executive
Publicado el 30/12/2009


Hace unos días alguien me pidió consejo para “de una vez por todas” aprender inglés. Solicitó un plan de formación para varios meses en el cual le pautáramos una combinación de actividades y recursos que se adaptasen a sus necesidades y nivel.

Y nos pusimos manos a la obra: analizamos su nivel, los horarios disponibles, los objetivos que nos planteó y el perfil del profesorado nativo más adecuado. Cuando le entregamos el plan de formación y lo comentamos, en principio, todo estaba bien: el tipo de actividades, el número de horas, el coste… todo parecía encajar con sus expectativas.

Miedo al profesorado

El caso es que hablando, descubrí que sí había un problema: el profesor o la profesora, a quien todavía no conocía. Fue cuando la persona me dijo: “no soporto que me corrijan, me pongo de los nervios cuando no entiendo lo que me dice el profesor/a de inglés, prefiero escuchar un CD. Al menos éste no se mete conmigo”.  Cuando las personas me confían cosas, que no siempre aparecen en una primera conversación, es uno de los momentos que más me gustan de mi trabajo. Expresar estas ideas es muy importante para la persona que las declara y, por tanto, para mí. Así la entiendo mejor.

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Para superar nuestros miedos, debemos ser conscientes de ellos

Después de la conversación pensando en el “no soporto que me corrijan”me lancé al diccionario para buscar sinónimos de corregir y encontré algunos que me sorprendieron: reprender, amonestar, reñir, increpar, moralizar y censurar. Realmente, el lenguaje tiene un gran poder, un poder que fluye en nuestro inconsciente: a mí tampoco me gusta que me reprendan, que me riñan, que me amonesten, que me increpen, que me den lecciones de moral, que me censuren… Quiero profesionales que me enseñen, que me ilustren, que me motiven para cambiar, que me ilusionen, que me den feedback, que me ayuden a mejorar… siempre empezando, yo primero, por poner ilusión y ganas, cumpliendo mi tarea y siendo responsable de la parte que me toca.

Dentro de unos días tendré una sesión de coaching con ésta persona. Estoy visualizando el momento: quiero escucharle activamente y hacerle de espejo para que sea consciente de lo que me dijo. En cuanto lo sea podrá hacerse responsable de la situación y conseguir lo que quiera. Como mínimo cuando no entienda al profesorado no perderá los nervios.

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